Centenario de la Reforma Universitaria. “El legado y un compromiso ético de transformación”

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El centenario de la Reforma Universitaria que celebramos hoy trasciende de modo muy amplio el indicativo de una efeméride caída  justo en número redondo. Plantear la conmemoración en términos de acceso histórico a una verdad absoluta, no sería consecuente con aquellos principios. La Reforma Universitaria de 1918 es el ejemplo de una transformación vital que modificó el mapa de las representaciones políticas y la cultura política en el ámbito de la educación superior argentina, pero que además irradió de sentidos buena parte de América Latina: por lo menos 17 textos constitucionales retoman sus principios, construcciones o ideas.

La vigencia del legado reformista está presente de modo sustancial en la vida cotidiana de la universidad: autonomía, cogobierno, participación de cada uno los claustros. Son ideas que integran de modo rotundo nuestro modo de concebir la práctica política universitaria, que si bien no garantizan la calidad de la enseñanza en sí misma, impregnan la mirada de todos los actores en un enfoque de fuerte contenido democrático, que a la vez habilita las interacciones sociales de la universidad.

A partir de 1918, la Universidad asume responsabilidades determinantes en función del desarrollo de la Nación,  en un momento histórico y como contraparte de nociones conservadoras.

Por lo tanto, más que rendir culto a una verdad o plantear un acontecimiento, lo que hay que destacar hoy y ahora es un hecho histórico que ha tenido vigencia y permite analizar lo que nos pasa y proyectarnos hacia los desafíos futuros de la educación superior.

En ese sentido, una de las tareas que tenemos en adelante es restablecer o recrear la identidad de la universidad latinoamericana, también como respuesta a una referencia que ganó presencia en los últimos años del siglo XX, inspirado en una modelo de universidad elitista dedicada a la investigación.

Esto tiene relación con un proceso histórico de raíz económica pero también política, en el que los Estados fueron retrayéndose en el papel protagónico como conductores de desarrollo de los países. En ese contexto, la Universidad fue perdiendo espacio y centralidad, al tiempo que ganó terreno la idea de un proyecto, señalado como de mayor calidad y eficiencia, desde el sector privado.

Nosotros estamos aquí para reafirmar la idea de la educación superior como un derecho humano, como un bien público con pertinencia social y en consecuencia debemos hacer todo aquello que sea necesario para garantizar el pleno ejercicio  de ese derecho para todo habitante de nuestros países, independientemente de su condición social.

Nuestra función es reivindicar todos y cada uno de los principios que se defendieron hace 100 años: el derecho de acceso a la educación, la autonomía, la libertad de cátedra y el compromiso social de las universidades, que es hoy un concepto fundamental para entender el papel transformador en el tejido social.

El desafío es innegable: tenemos que seguir trabajando para  incorporar e impulsar los productos de la creación científica y poder relacionarlos a los sectores de la vida productiva de la región.

Si pretendemos crear sociedades más justas y equilibradas, una de las tareas  fundamentales que tenemos por delante es generar herramientas que permitan crear nuevo conocimiento. Y en este sentido las universidades tenemos un rol determinante para formular los aportes que logren transformar realmente la vida de las naciones.

En definitiva, si queremos hoy, a cien años de la Reforma Universitaria, plantear un homenaje al hecho histórico que modificó en adelante la vida de millones de argentinos y latinoamericanos, necesitamos asumir un compromiso ético de transformación. Y desde ese lugar aportar nuestros esfuerzos, en sentido de crear las mejores condiciones para que desde estas aulas se sucedan las propuestas, las miradas, las preguntas y las lúcidas respuestas de la construcción democrática, en favor del bienestar de la sociedad en su conjunto.

Alejandro Carrere

Decano de la Facultad Regional Paraná de la UTN