Arturo Cassano: “Me siento privilegiado por dedicarme a lo que me gusta”

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Se recibió de ingeniero aeronáutico, pero en realidad ejerció de su segunda carrera: ingeniería en construcciones. Es docente, investigador y siempre trabajó, a la par, en la actividad privada para poder enseñar más de la teoría. Afirma que la mayor recompensa para él es levantarse cada día y disfrutar su trabajo.

-¿Cómo comenzaste tu recorrido profesional?

-Tengo dos títulos de ingeniero, porque primero me recibí en Córdoba en el 89’ en aeronáutica. Después empecé a trabajar en el CONICET por una beca y como los 90’ fueron una época bastante nefasta me volví a Paraná. Sin querer empecé a trabajar en estructuras a raíz de las investigaciones que hacía y me fui especializando en eso. Para ese entonces estaba trabajando en construcción, así que tuve que estudiar la otra carrera para poder tener el aval.

La construcción atraviesa la vida de Cassano en diversos sentidos: su padre era arquitecto y también es lo que estudia su única hija. Actualmente es docente titular en la carrera de arquitectura en la Universidad Nacional del Litoral y docente de ‘Estructuras metálicas y de madera’, en Ingeniería Civil de la UTN Regional Paraná.

-¿Cómo continuaste con la investigación?

-Cuando me recibí de ingeniero en construcciones ya estaba dando clases e investigando. En esa época prácticamente nadie lo hacía acá en la UTN. Pero en el 95’ más o menos lanzaron la primer beca de incentivo y después las categorizaciones. En aquel momento hacíamos estudios pero, sin tirarlos abajo, no eran muy pretenciosos-, recuerda y se ríe.

-¿Y te dedicaste a tu primera carrera?

-Lo único relacionado que hice fue trabajar un tiempo en la fábrica de aviones, en Córdoba. Pero no me gustaba, la verdad es que empecé a estudiarla solamente porque me gustaban los aviones. Jamás pensé ser ingeniero, nunca se me ocurrió. Siempre pensé que iba a ser piloto. Y cuando empecé a estudiar me di cuenta que realmente me gustaba. Y todavía me gusta mucho, me siento privilegiado por dedicarme a lo que me gusta.

Cassano trabajó siempre en la actividad privada a la par de la docencia, ya que con vehemencia afirma que “en la facultad no estamos formando científicos sino ingenieros, por eso es importante tener experiencia, eso hace que los alumnos egresen con conocimientos reales y no sólo teóricos”.

-¿Cuáles son las experiencias laborales que más disfrutaste?

-No podría definir ninguna puntual, pero sí decir que lo que más disfruto es ver a quienes fueron mis alumnos y observar que son buenos profesionales. A mí me enseñaron que el maestro es maestro para toda la vida, así que creo que la relación debe seguir cuando se van de la Facultad. Ayudar al alumno cuando ya egresó es una función esencial del docente.

-¿Y acerca de tu actividad por fuera de la Facultad?

-Lo más gratificante es ver las obras terminadas. La ingeniería tiene la dicha de que los resultados son tangibles, visibles. Me resulta muy placentera toda mi actividad, desde que me levanto hasta que me acuesto.

Las estructuras de numerosos edificios de Paraná estuvieron a su cargo y algunas de las más significativas fueron las que diseñó para el Centro Provincial de Convenciones y para el shopping nuevo aún en construcción en el espacio de la ex fábrica de fósforos. En investigación está trabajando en un estudio de coeficientes de impacto de puentes ferroviarios, aprobado recientemente. Además, adelanta que pronto se iniciará un estudio acerca de la durabilidad del túnel subfluvial, que realizarán en conjunto las regionales de la UTN de Paraná y Santa Fe.

-En relación a la investigación, ¿qué podrías destacar?

-Últimamente me puse a mirar lo que he hecho y me fui dando cuenta de cuánto lo disfruté y disfruto. Investigar es buscar soluciones a problemas que no están planteados o que están parcialmente planteados. Lo que yo hago es investigación aplicada, para que después se puedan utilizar y enseñar.

El ingeniero cuenta que le resulta más fácil acordarse de las malas experiencias que de las buenas, porque en general disfrutó cada etapa de su carrera. Entre risas, relata las veces que llegó a tener pesadillas por miedo a equivocarse en cálculos de obras: “La responsabilidad es mucha, después me acostumbré pero pasaron muchos años”.

-¿Qué le dirías a un estudiante que está comenzando su camino en esta Facultad?

-Un estudiante avanzado es diferente al ingresante. El ingresante muchas veces no sabe por qué está acá, lo digo porque eso fue lo que me pasó a mí. Tenés que estudiar, pero todo depende de cuánto te sentás. Al contrario de lo que muchos piensan, la ingeniería no es una ciencia dura, sino que todo es aproximación, nada es exacto. La matemática es una herramienta pero no somos matemáticos. A mí la matemática no me gusta –afirma con énfasis— me gusta la ingeniería.

-¿Y al ingresante entonces?

-Al ingresante le diría que tiene que descubrir qué es lo que está estudiando. Pasar por la universidad es como un jugador de rugby que tiene que ir al gimnasio a hacer pesas para después jugar. Lo que le gusta al jugador es jugar, no el gimnasio. Lo que les digo a los chicos es que acá no están en el juego, están en el gimnasio. No están viendo la profesión, porque es mucho más linda, es ver algo terminado y decir ‘yo ayudé a hacer eso, y encima me pagaron’. Los tres primeros años son el gimnasio, los últimos dos son más específicos. Pero la carrera te prepara para poder seguir estudiando, porque todo lo que vos ves hoy cambia en cinco años.

-¿Qué cambia?

-Las tecnologías. Cuando yo estudiaba, por ejemplo, dejábamos la computadora procesando cálculos de un día para el otro y a veces cuando volvíamos había un error y teníamos que empezar de cero. Todo cambia mucho, el tema es adaptarse. Y además, si estudias lo que te gusta, no es un peso. Lo que pasa es que no hay recompensa sin sacrificio. Para mí la recompensa es levantarme a la mañana con gusto, porque me encanta mi trabajo.

Por Elizabeth Maier