Tomás Kohan, entre los egresados sobresalientes del país

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Es flamante egresado de la carrera ingeniería civil de la UTN Paraná.  Hace pocos días fue notificado de que recibirá el premio “Ing. Isidoro Martin”. La distinción la otorga, anualmente, la Academia Argentina de Ingeniería y busca ofrecer un estímulo a los egresados sobresalientes de todas las carreras de ingeniería en el país.

Tomás Kohan tiene 25 años. Hizo la escuela primaria y también la secundaria en el instituto Miguel Cervantes de Saavedra de Paraná, no muy lejos de su casa, ubicada en Colón y Baucis.

Hijo de un ingeniero Civil y una arquitecta, desde niño sintió un gusto particular en resolver los problemas que presentaba la asignatura matemática. Tal vez por herencia, pero también por las facilidades propias, a la hora de elegir una carrera no caviló demasiado y se inscribió en UTN Paraná. Lo que no tenía claro en aquel momento era en qué dirección de la ingeniería iba construir su futuro. Tampoco le demandó tantísimo tiempo. Finalmente se inclinó por Civil.

Egresado reciente, Tomás redondeó una carrera impecable con un premio de 8.46 que le valió ingresar en la nómina de profesionales que será distinguido el próximo 3 de diciembre, desde las 18 horas, en una ceremonia virtual, por la Academia Nacional de Ingeniería.

“Fue una linda sorpresa, yo no estaba al tanto de que la facultad había enviado mi postulación. Cuando el decano me informó del premio, la verdad, resultó una gran alegría”, dijo Tomás.

EL CAMINO.

Jugador de básquet del Centro Juventud Sionista en los ratos libres, Tomás se desempeña hoy en día en la Consultora Justo Domé realizando proyectos de ingeniería y también control y seguimiento de obras.

Del inicio del recorrido, lo que recuerda es que si bien el cambio de la secundaria al mundo universitario llevó tiempo y requirió esfuerzo y paciencia, logró afrontar la novedad de buen modo, especialmente a través del entusiasmo que le provocaban los nuevos desafíos. También se acuerda de las perdidas, como se dice en la cancha. Una vez le fue mal en química y algunos años después tuvo un traspié, más difícil de asimilar, en cuarto año. Pero lo hizo: siguió adelante.

“Pasé muy bien mi etapa de estudiante en la facultad, me gusta el lugar, este ámbito, algunos años fueron de mayor exigencia y otros los llevé mejor, pero tuve una experiencia linda aquí”, define.

Si bien nunca estuvo entre sus prioridades buscar notas altas, la contracción al estudio, el deseo de avanzar, fueron estampando en la libreta calificaciones destacadas.

“Yo lo que quería era aprobar, seguro que no es lo mismo un 8 o un 9 que un 6, pero si me sacaba un 6 tampoco me lo tomaba mal, lo que sí, nunca me presentaba para ver qué pasaba, soy responsable en eso, estudio a conciencia y soy exigente”, detalla.

Además de un título de grado, una experiencias inolvidable y una ruta de aprendizaje que respalda su labor en el presente, Tomás se llevó de la UTN alguno de sus mejores amigos.

“Armamos un buen grupo, nos hemos ido de vacaciones junto. Este verano fuimos a Bariloche, de camping”, cuenta el flamante ingeniero distinguido y tampoco se olvida de su familia: “En casa estaban muy contentos, creo que orgullosos, me decían que lo disfrute, que es una distinción que no le dan a cualquiera”, revela Tomás.