Daniel Rios realizó este martes la defensa de su proyecto final y se recibió de ingeniero electrónico en UTN Paraná. El desarrollo formulado por el flamante profesional lleva por denominación “Plataforma autonivelada para magnetómetro antártico comandada por Bluetooth”. El origen de la idea se enuncia desde el principio: Rios comenzó a trabajar y puso a prueba su proyecto en Base Marambio, durante una estadía de ocho meses que hoy atesora como la experiencia más importante de su vida.
Daniel se recibió el martes pero ya trabaja en una empresa dedicada a desarrollos y tecnología aplicada para el sector agropecuario. Tiene 28 años, es de Santa Fe, pero parte de su familia vive en San Benito. Por esa razón, cuando se decidió a estudiar en UTN Paraná no le resultaba ajena una ciudad que había visitado infinidad de veces. Es más, se mudó a Paraná durante cuatro años para realizar el cursado de la carrera sin el trajín de los viajes cotidianos.
Ya sobre la última fase de su trayecto universitario, casi por azar, a través de un video de youtube, encontró la convocatoria anual del Programa Antártico Argentino, dirigido especialmente a informáticos y programadores con deseos de tener una experiencia laboral en el continente blanco, más precisamente en alguna de las siete bases argentinas.
Por alguna razón, que Daniel nombre como “oportunidad de crecer en lo laboral”, pero también “poder viajar, yo nunca había salido casi de Santa Fe o Paraná”, se inscribió una vez, dos veces y a la tercera resultó preseleccionado. Se anotició en abril de 2020, con la pandemia ya en todos los titulares, en todas las conversaciones y, también, en las pesadillas vívidas.
A partir de entonces comenzaron las evaluaciones, técnicas, teóricas y psicológicas. De todos los preseleccionados solo nueve personas de todo el país iban a tener la posibilidad de pisar la Antártida y permanecer en una de las siete bases durante 12 meses que dura la campaña.
En septiembre fue citado junto a otros aspirantes a Buenos Aires, para atravesar cuatro entrevistas psicológicas, con exámenes de tres horas de duración. El aislamiento severo en una base militar, el clima hostil, las noches eternas del invierno, la convivencia con 50 personas en un mismo espacio durante un año. Todos esos factores, enumera Daniel sintetizando, hacen que las entrevistas psicológicas resulten fundamentales para resolver a los seleccionados. Es, quizás, el mayor filtro.
Fue, finalmente, elegido. En octubre comenzó la capacitación específica sobre equipos meteorológicos con los que iban a trabajar en Antártida y en noviembre supo que el avión partía de Buenos Aires los primeros días de diciembre y que su destino, en particular, era Base Marambio.
Sin embargo, días antes del despegue Daniel dio positivo de Covid y tuvo que permanecer aislado, por lo que su salida se pospuso hasta el 10 de febrero de 2021. Ese día, subrayado en su memoria con una marca especial, subió a un avión histórico y piso Base Marambio, la Antártida.
“Fue una locura, un sueño, era la primera vez que viajaba en avión. Nos trasladaron en el Hércules, que es un monstruo, fue una experiencia increíble”, describe y precisa que “el frio que hacía al bajar del avión no me lo voy a olvidar nunca”.
Daniel comenzó de inmediato a trabajar a cargo del laboratorio donde se encontraban los equipos que medían, entre otras cosas, las variables meteorológicas o los estudios de ozono.
“Teníamos distintos tipos de trabajos, fundamentalmente en laboratorio, pero también teníamos que ir a instalar una central meteorológico o recorrer la isla para buscar censores que estaban enterrados”.
Las salidas por la isla, dice, se presentan hoy como postales de una experiencia incomparable. “A veces nos tocaba recorrer a pie, a veces en helicóptero, pero ahí uno tomaba conciencia de que ese paisaje era exactamente como había sido siempre, sin ninguna intervención del hombre, caminabas y encontraban fósiles de andá saber qué año”.
En el trabajo cotidiano se manifestó la necesidad del desarrollo que Daniel realizó y puso a prueba en la Antártida. Ese mismo proyecto que el martes pasado defendió en el Aula Posgrado para recibirse de ingeniero.
Concretamente lo que hizo fue un sistema de plataforma auto nivelada pensada para dar soporte a un instrumento de medición de campo magnético terrestre y permitir de este modo al usuario operador realizar los ajustes mecánicos y de posición necesarios para el correcto funcionamiento del mismo mediante la nivelación de la plataforma en donde es colocado.
“Se necesitaba un equipo para tener medidas más fiables, me plantearon el el problema y ahí empezó el desarrollo, en marzo de 2021”, sintetiza.
El ahora flamante ingeniero estuvo 8 meses en Marambio. No alcanzó a completar la campaña porque se interpuso una apendicitis que lo obligó a volver a casa. El recuerdo de la Antártida está presente en lo cotidiano y a la vez sigue siendo un anhelo constante: Daniel quiere volver y ver más, todavía más de ese territorio único, con días de 40º bajo cero, noches de casi 20 horas, con luz tan efímera que uno podía confundir almuerzo con cena en la oscuridad unánime. No se olvida de una caminata de 5 kilómetros sobre el mar congelado y quiere, alguna vez, conocer también el verano del continente blanco, ver de cerca las colonias de pingüinos y la aurora polar.
Por ahora trabaja, espera y disfruta del recuerdo, pero también del resultado de un proyecto nacido en la Antártida. Ese mismo que defendió el martes y fue su paso final para recibir el título de ingeniero.









